No sé qué demencia se me mete por los ojos
si le veo a usted caminar desnudo
hacia cualquier lugar de la casa
que no sea mi cuerpo, y candar puertas
y levantar persianas con una sonrisa dormida
que me arranca a pálpitos del suelo.
No sé qué le pasa a mi sangre con sus besos
agitándose como un demonio, ni sé por qué
ya no quiero otra cosa más que su piel
saqueando mi órbita, su piel
encima o debajo, fruncida o vasta,
su piel ciñéndose, recogiéndose
en mi temblor de animal libre.
si le veo a usted caminar desnudo
hacia cualquier lugar de la casa
que no sea mi cuerpo, y candar puertas
y levantar persianas con una sonrisa dormida
que me arranca a pálpitos del suelo.
No sé qué le pasa a mi sangre con sus besos
agitándose como un demonio, ni sé por qué
ya no quiero otra cosa más que su piel
saqueando mi órbita, su piel
encima o debajo, fruncida o vasta,
su piel ciñéndose, recogiéndose
en mi temblor de animal libre.
Déme usted el almíbar de las horas
que se vienen en los cuerpos
siempre precoces en su agonía,
déme eso, eso que me empuja al cielo
de la habitación que se abre
y ya no soy nada más que mujer,
la madre de todas las locuras, créame
que quedan fuera de mí horarios
y meses y casas y dioses y animales
si me contraigo hasta el núcleo
que usted conoce furtivamente.
que se vienen en los cuerpos
siempre precoces en su agonía,
déme eso, eso que me empuja al cielo
de la habitación que se abre
y ya no soy nada más que mujer,
la madre de todas las locuras, créame
que quedan fuera de mí horarios
y meses y casas y dioses y animales
si me contraigo hasta el núcleo
que usted conoce furtivamente.
No sé qué locura me aplican
sus manos ciegas buscando islas,
pero siempre suscita usted
que me vuelva lodo entre sus dedos,
y de su placer hacerme templo,
y de su cuerpo, costilla.
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